(15-06)
El respaldo a la ley contra el tabaco fue casi unánime
Aprobación en plancha, a pesar del intento de la oposición de votar artículo por artículo. Solo un asambleísta, Andrés Páez, de la ID, votó en contra.
Más tiempo tardó la Asamblea en instalarse que en aprobar la más políticamente correcta de las leyes: la de Regulación y Control del Tabaco. Los dos debates habían concluido y ayer solo era cuestión de votar, cosa que se hizo en diez minutos: 104 votos a favor, uno en contra, siete en blanco y dos abstenciones. Esta práctica unanimidad era predecible, bastaba con ver a los legisladores: todos exhibían en la solapa un botón con la consigna “Gracias a ti… Ecuador respira mejor”, de la Fundación de Salud Respiratoria y la Alianza Antitabaco.
Poco faltó para que la historia fuera distinta. Por solo dos votos de diferencia (47 a 45) se rechazó la moción de Fernando Flores (Prian) para que el procedimiento de aprobación de la ley fuera artículo por artículo. El hecho de que la bancada de oposición en pleno apoyara esta iniciativa sugiere que no todo el contenido de la ley, que terminó votándose en bloque, era de su agrado.
El tiempo que tardó la sesión en instalarse fue aprovechado por los periodistas parlamentarios para entrevistar a asambleístas en el corredor de ingreso a la sala del pleno. Se hablaba de la ley de comunicación, de las reformas legislativas, del nuevo paquete de impuestos, de cualquier tema menos de la ley antitabaco. “Nunca he sido borrego, nunca he sido huasicama, nunca he sido vago”, clamaba Pedro de la Cruz ante los micrófonos y exigía la cabeza de Lourdes Tibán por haberle dicho tantas cosas. “Ayer me preguntaron en una cafetería si quería el café en vaso o en funda”, se burlaba Andrés Páez de la reforma tributaria. “Este es un paquete técnico y, siendo técnico, hay que ajustarlo”, justificaba Juan Carlos Cassinelli de esta manera los cambios de última hora en el paquete de impuestos. “¡Nadie quiere hablar del tabaco!”, se quejaba un reportero de televisión a quien quisiera oírle.
Adentro, los camareros habían ya dispuesto, en cada curul, una botella plástica de agua con etiqueta especialmente diseñada que incluye el logotipo de la Asamblea Nacional. Arriba, en el espacio destinado para las barras, militantes de la Alianza Antitabaco y ejecutivos de Philip Morris se miraban con desconfianza. Un cartel ondeado por los primeros, de unos tres metros de largo por uno de alto, reproducía el diseño y el eslogan que los asambleístas llevaban en la solapa.
El presidente Fernando Cordero llegó con una hora de retraso e instaló la sesión apresuradamente. El titular de la Comisión de Derechos de la Salud, Carlos Velasco (PAIS), expuso en lenguaje no siempre comprensible los cambios introducidos en el proyecto de ley tras el segundo debate: ampliar el papel de los gobiernos municipales en el control del tabaquismo; disponer la inclusión de contenidos sobre prevención en los programas educativos “para que la ley no sea absolutamente restrictiva”; “quitar lo de los infractores para que la ley entre en este proceso de correlación”, frase que -al parecer- todos entendieron pues nadie dijo nada, y levantar la prohibición de la venta de cigarrillos por unidades, para no afectar el negocio de los pequeños comerciantes informales.
En la pantalla gigante en la que se refleja la votación electrónica de los asambleístas y que parece haber sido colocada a propósito para ocultar de sus ojos las imágenes de pesadilla del mural de Guayasamín, el voto de Andrés Páez (ID), el único en contra, destacaba como una mancha en el mantel. Él piensa que la nueva ley aplica una visión “autoritaria y fascista” centrada en “vigilar y castigar” en lugar de “educar y prevenir”. Había propuesto otro proyecto menos restrictivo que no pasó a debate y que los militantes antitabaco presentes en la votación consideran opuesto a las recomendación de la Organización Mundial de la Salud.
Al final, mientras el pleno se vaciaba, el cartel de “Ecuador respira mejor” lucía victorioso en las tribunas. “Tenemos ley, no lo puedo creer”, gritaba una militante, como saliendo de un sueño, mientras algunos asambleístas la saludaban desde sus curules y los ejecutivos de Philip Morris salían cabizbajos.
Fuente: www.expreso.ec/

